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Menores, ni una gota…100 razones para darles

Imagina que el grupo de amigos de tu hijo ha quedado para verse el fin de semana. Imagina que en ese grupo ya hay quien ha probado el alcohol y propone llevarlo a la reunión.

Adolescentes¿Puedes imaginar lo que pasa por la cabeza de tu hijo entonces? ¿Qué te gustaría contarle?… En la siguiente GUÍA (clica en la imagen) encontrarás  las respuestas que querría escuchar tu hijo y las 100 razones que podrías darle para que no consuma ni una gota de alcohol.

Fuente: Infoalimenta.com

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¿Qué me está pasando? ¡Empieza la pubertad!

La pubertad conlleva tantos cambios físicos y emocionales que es fácil que tu hij@ se sienta inseguro de las modificaciones que se están produciendo en su cuerpo y de los sentimientos que empieza a experimentar. Anticiparse dando información sobre lo que le pasará es fundamental, le dará más seguridad y podrá abordar mejor estos cambios.
A partir de los 7-8 años, la disposición, capacidad y curiosidad para entender y comprender su cuerpo y lo que le pasa es muy alta. Es un buen momento para empezar a hablar de los cambios que se avecinan en la pubertad y es una oportunidad para que nuestro hij@ se dé cuenta de que puede hablar con naturalidad de estos cambios y emociones que experimenta. Si detecta en nosotros cierta incomodidad en tratar estos temas puede cerrarse y evitar expresar sus dudas y buscar información en fuentes poco fiables.
Disponer de material escrito nos ayudará a explicar estos cambios y permitirá al niñ@ saciar su curiosidad.

La publicación de la Generalitat de Catalunya ” A mi també em passa…i a tu? explica en un lenguaje claro y asequible los cambios físicos y los sentimientos que se pueden experimentar en esa transición, así como una serie de consejos preventivos para esta etapa, tanto para niños como para niñas.

pubertad

 

A mi també em passa…. i a tu?

Accede al PDF haciendo clic en la imagen

 

 

miamia-se-hace-mayor

La Mia es fa gran

Mia se hace mayor

Mònica Peitx
Il·lustrat per Cristina Losantos

 

La Mia té nou anys i ens explica aquí l’extraordinària aventura de fer-se gran.
Descobreix quins canvis experimenta el cos d’una nena durant la pubertat: ¿Pits? ¿Tops?¿Sostenidors? ¿Dormir més? ¿Pèls? ¿Depilar-se?¿Regla? ¿Compreses? ¿Tampons? La seva pediatra respondrà a totes les preguntes…
Fer-se gran és una gran aventura i quant més en sàpigues, millor!
Un llibre per parlar dels canvis de la pubertat escrit per una pediatra-endocrinòloga posant l’accent en els hàbits saludables i en el procés normal de les adolescents.

Mònica Peitx és pediatra especialitzada en Endocrinologia i Nutrició, i treballa a Barcelona. El 2008 va escriure el seu primer conte per a nens amb sobrepès i obesitat: El conte d’en Max. L’han seguit el Conte d’Aina, sobre la diabetis, i El conte de Quim que parla de la talla dels nens. Amb La Mia es fa gran deixa de tractar de trastorns per escriure sobre un procés fisiològic fascinant: la pubertat.

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Gelotofobia: “Cuando la risa da miedo”

Todos somos un tanto sensibles ante la risa de los otros e intentamos evitar las situaciones embarazosas que puedan dar lugar a burlas pero hay personas que van un paso más allá: son los gelotofóbicos que comprenden prácticamente cada risa a su alrededor como un ataque a su persona.

risas

La gelotofobia es el temor patológico que experimenta una persona a ser el objeto de burla de otros y a hacer el ridículo.

El nombre deriva de los términos griegos –fobos, miedo y gelos, risa–, y no se trata simplemente de que no te guste que se rían de ti –¿A quién le gusta?–, sino que va más allá, de forma que el afectado presenta una especial sensibilidad frente a las risas de los demás, tanto si es cierto que se ríen de él o de alguna de sus acciones, como si son imaginaciones suyas. Consideran por tanto que cualquier risa o carcajada que se escuche en su entorno está relacionada con su persona, y puede provocarles síntomas propios de un ataque de ansiedad: como  sudoración , mareo y temblores.

El psicólogo Michael Titze , estudioso del tema  , también la denominó  el complejo de Pinocho, en referencia a la gente que se pone rígida y tensiona los músculos cuando siente miedo, como si se tratara de una marioneta de madera.

Las personas con gelotofobia generalmente poseen una historia de burlas que los acompañan desde su niñez y adolescencia por lo cual la mayoría de los investigadores afirman que “es un miedo aprendido después de experiencias reales (solo en un porcentaje mínimo las experiencias son imaginadas) que los involucran como objeto de risas y burlas.

Así por ejemplo la gelotofobia  se asocia frecuentemente a situaciones en las que el menor ha sentido que se han burlado de él, o ha sido criticado o menospreciado, bien por su aspecto físico, o bien por no saber hacer algo. Como consecuencia estas personas nunca han aprendido  a apreciar el humor y la risa de forma positiva.

Al igual que otras fobias, el miedo a la burla de los demás puede tener serias consecuencias negativas en la vida personal. Este miedo puede ocasionar la soledad y desconfianza permanente, así como un sentimiento de vergüenza constante.

La gelotofobia  es un trastorno más común de lo que podríamos imaginar. Un estudio reciente conducido por Ruch en 73 países con 22 610 personas mostró que aproximadamente entre un 2 y un 30% de las personas ( dato muy variable según culturas ) son víctimas de la gelotofobia.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA  PREVENIR LA GELOTOFOBIA?

•Es fundamental no burlarse nunca de los niños, no ridiculizarles, y no emplear el sarcasmo para criticar su aspecto o su comportamiento.

•Fomentar su  autoestima.

•Los padres deben estar atentos también si sus hijos muestran sentimientos de inferioridad y baja autoestima, o si no quieren jugar con otros niños, pues pueden estar siendo objeto de burla en la escuela, y es necesario demostrarles que cuentan con todo su apoyo y cariño para solucionar cualquier problema que tengan.

•Se ha de realizar una intervención temprana ante la detección de un posible bullying escolar.

•Hay que evitar también la sobreprotección y no dificultar la socialización de los pequeños, ya que después les costará más relacionarse con los niños de su edad y no se integrarán de forma natural en el colegio, con lo que su           comportamiento puede ser raro y les pueden rechazar.

•Enseñar a tus hijos a tolerar la frustración y la sensación de ridículo, y a ser autocríticos, pero con el objetivo de mejorar, no de sentirse inferiores, es una buena forma de hacerles sentir más seguros de sí mismos y más capaces de enfrentarse a situaciones desfavorables.

•Consulta a un especialista si el niño se muestra a la defensiva y rechaza relacionarse con los demás.

 

 

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El lenguaje de los 4 a los 7 años

En el desarrollo del lenguaje del niño de 4 a 7 años se presentan 2 etapas cronológicas diferenciadas, tal y como vemos a continuación.

De cuatro a los cinco años de edad

A los cuatro años de edad el niño domina virtualmente la gramática, pero comienza a expresarse de acuerdo a un estilo “retórico propio.

El niño empieza a utilizar los pronombre en el siguiente orden: Yo, Tú, Él, Ella, Nosotros-as, Ustedes; contando con un vocabulario de 1,500 palabras y a los cinco años, 2,300 palabras aproximadamente.

Entre los 4 ó 5 años, el niño suele estar ya capacitado para responder a preguntas de comprensión referentes al comportamiento social aprendido, dado que su lenguaje ya se extiende más allá de lo inmediato. Esto se debe a la capacidad simbólica del niño y, como tal, puede evocar y representarse mentalmente las cosas, acciones y situaciones, trascendiendo la realidad y el presente.

Esa capacidad y la necesidad de comunicarse, hacen posible un mayor y rápido desarrollo del lenguaje infantil, facilitando también el desarrollo de la inteligencia.

De los seis a los siete años de edad

A esta edad se inicia la etapa escolar, en la cual el niño manifiesta una madurez neuropsicológica para el aprendizaje y un lenguaje cada vez más abstracto.

Debido al “dominio” del lenguaje el niño puede percibir distintas unidades lingüísticas dentro de una lectura o discurso, percibiéndolo como un todo.

El niño supera también el período egocéntrico y su pensamiento se torna lógico-concreto. Ahora es capaz de tomar en cuenta los comentarios y críticas de los demás con respecto a su persona, lo cual no ocurría en edades anteriores. Esta capacidad de descentración hace que el niño tome conciencia de sí mismo, asumiendo un autoconcepto y una autoimagen adecuada o inadecuada, lo que influirá en su adaptación y desarrollo de personalidad.

Ver: Lenguaje de 1 a 3 años

Ver: Lenguaje hasta el año de edad

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El lenguaje hasta el año de edad

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Documental sobre las primeras fases de la adquisición y desarrollo del lenguaje.

ETAPAS DEL DESARROLLO DEL LENGUAJE

Dividimos el desarrollo del lenguaje en dos etapas principales:

Etapa PRE-LINGÜISTICA

• Etapa LINGÜISTICA

Cada una de estas etapas va marcando el surgimiento de nuevas propiedades y cualidades fonéticas, sintácticas y semánticas a medida que el niño crece, tal como describiremos a continuación.

1. Etapa PRE-LINGÜISTICA

Denominada también como la etapa preverbal, comprende los primeros 10 a 12 meses de edad. Se caracteriza por la expresión buco-fonatoria que de por sí apenas tiene un valor comunicativo. Otros la consideran como la etapa del nivel fónico puro, debido a que el infante emite sólo sonidos onomatopéyicos.

Durante esta etapa, que abarca el primer año de vida, la comunicación que establece el niño con su medio (familia), especial y particularmente con su madre, es de tipo afectivo y gestual. De allí que para estimularlo lingüísticamente la madre deba utilizar, junto con el lenguaje afectivo y gestual, el lenguaje verbal. La palabra debe acompañar siempre al gesto y a las actividades de la madre con su hijo.

Esta etapa preverbal hasta hace poco despertaba escaso interés de los especialistas, pero gracias a las investigaciones actuales, hoy sabemos que tiene un valor relevante y trascendental en la configuración de las bases del desarrollo lingüístico, puesto que tanto las expresiones vocales (sonidos o grupo de sonidos de simple significación) como las expresiones verbales (sonidos, grupo de sonidos, palabras aisladas, etc.) influyen de modo determinante en el desarrollo posterior de la comunicación lingüística del niño.

Esta etapa comprende, a su vez, subetapas o estadios con características particulares que van de acuerdo con la secuencia cronológica del desarrollo integral del niño, las que pasamos describir:

a) Del nacimiento al mes y dos meses de edad

Desde que nace hasta más o menos, el final, del primer mes, la única expresión que se oye del bebé es el llanto, que es la primera manifestación sonora puramente mecánica o refleja y, como tal, indiferenciada en cuanto al tono, sea cual fuere la razón de su estado.

Con el llanto, el bebé pone en funcionamiento el aparato fonador, permitiéndole también la necesaria oxigenación de la sangre y el establecimiento de la respiración normal.

Pasado este período, por lo general al inicio del segundo mes, el llanto ya no es un fenómeno o manifestación mecánica e indiferenciada, sino que el tono del sonido cambia con el contenido afectivo del dolor, el hambre u otra molestia; es decir, la variación de la tonalidad está relacionada con el estado de bienestar o malestar del bebé. Con el llanto el bebé logra comunicar sus necesidades al mundo que le rodea y, como se da cuenta de que gracias al llanto sus necesidades son satisfechas, lo usará voluntariamente, ya no siendo entonces un mero reflejo o sonido indiferenciado.

De esa manera el bebé va comunicándose con su entorno próximo, especialmente con su madre, comprendiendo cada vez mejor lo que ésta le comunica, aunque sea incapaz de expresarlo.

b) De tres a cuatro meses de edad

Al inicio del tercer mes el bebé produce  sonidos guturales y vocálicos que duran de 15 a 20 segundos. Responde a sonidos humanos mediante la sonrisa y, a veces, con arrullo o murmullo. Aquí la forma característica del grito del bebé puede ser una llamada expresiva relacionada con alguna necesidad, tal como el grito de incomodidad.

A esta edad ya distingue entre los sonidos: /pa/, /ma/, /ba/, /ga/. Sus vocalizaciones ya pueden mostrar alegría; sus manifestaciones de placer las expresa mediante consonantes guturales “ga.ga”, “gu.gu”, “ja.ja”, mientras que su displacer mediante consonantes nasalizadas como “nga”, “nga”.

El bebé sabe distinguir, también, las entonaciones afectivas, reaccionando con alegría, sorpresa o temor ante el tono de voz, especialmente de sus padres.

A los tres meses aparece el balbuceo o lalación, que consiste en la emisión de sonidos mediante redoblamiento de sílabas como “ma…ma”, “ta…ta” y otras.

El interés del niño por las personas, así como su comunicación, que estaba limitada únicamente a lo afectivo durante el 2º y 3º mes de vida, comienza a ampliarse hacia los objetos entre el 3º y 4º mes.

Al iniciar el 4º mes, el niño supera la etapa denominada de las reacciones circulares primarias, que son características de los tres primeros meses de vida, en las que el objeto de sus actividades estaba centrado y dirigido hacia su propio cuerpo, pasando a la siguiente etapa de las reacciones circulares secundarias, en las que el objeto de sus actividades ya no es su propio cuerpo sino algo externo a él (sonajero o cualquier otro juguete). Paralelamente con esto el niño va tomando conciencia de que sus fonaciones, gorgogeos, manoteos y ruidos guturales diversos producen efectos en su rededor y aprende a comunicar algo a alguien.

De esa forma el niño va progresando y aumentando sus vocalizaciones, las mismas que ya son cercanas a la palabra y, como tal, van cargadas de intención comunicativa con la madre. Estos variados sonidos vocales y fonaciones próximas a la palabra que el niño dirige a la madre, deben ser atendidos, entendidos, interpretados y contestados por ella de manera reiterativa, estimulando y propiciando así su desarrollo lingüístico.

Esto implica que la madre tiene en sus manos la posibilidad de incrementar a su “gusto” el nivel de comunicación verbal y afectiva con su niño, favoreciendo el desarrollo de su inteligencia, de su lenguaje, de sus posibilidades de interacción social y la capacidad de expresión de sus deseos y sentimientos propios. En esto el “toma y daca” en la comunicación gestual, afectiva y verbal de la madre con su niño reviste una importancia absolutamente decisiva en el desarrollo de todas sus potencialidades.

c) De cinco a seis meses de edad

El balbuceo o primer intento de comunicación que apareció alrededor de los tres meses de edad, se extiende hasta el octavo o noveno mes, progresando en el quinto y sexto mes hacia aquello que se denomina “imitación de sonidos”. Esto comienza en forma de autoimitaciones de los sonidos que el mismo niño produce (reacción circular). Más tarde empieza a repetir sonidos que el adulto u otro niño produce.

En esta edad se dan estructuras de entonación claramente discernibles en ciertas vocalizaciones en las que pone énfasis y emoción. Las primeras emisiones vocálicas son realizaciones fonéticas que aparecen en el siguiente orden:

• /a/ y variantes próximas al fonema /e/, aunque antes suelen emitir sonidos similares a /oe/

• Posteriormente aparece la /o/ y

• Finalmente la /i/, /u/.

Los sonidos de las consonantes aparecen posteriormente en el orden siguiente:

• Labiales :

p    (pa-pa)

m    (ma-ma)

b    (ba-ba)

• Dentales :

d    (da-da)

t     (ta-ta)

• Velopalatales :

g     (ga-ga)

j     (ja-ja)
La adquisición de los fonemas van desde los más contrastados, que son los que se encuentran en todas las lenguas (universales fonológicos –oposición consonante-vocal–), a fonemas menos contrastados, propios de cada lengua en particular. Así, la /a/ es la primera vocal que se adquiere y la /i/, /u/ son las últimas. Las primeras consonantes que aparecen son la /p/, la /m/ y la /b/, y las últimas que se adquieren suelen ser las laterales /l/ y las vibrantes /r/.

De esta manera el niño al sexto mes suele emitir los primeros elementos vocálicos y consonánticos, siendo un progreso importante con respecto a los gritos y distintos sonidos laríngeos de los primeros meses de vida. Posteriormente, a medida que el niño progresa, poco a poco irá sustituyendo la comunicación gestual por el lenguaje verbal.

Aquí conviene enfatizar la máxima importancia que tiene el lenguaje materno dirigido al niño durante la mitad del primer año de vida, en el que no solamente conviene aumentar las vocalizaciones, gestos, sonrisas y demás expresiones en el seno del hogar, sino que además la comunicación verbal debe ser algo habitual entre los adultos y el niño.

d) De los siete a los ocho meses de edad

Hasta los 6 ó 7 meses el niño se encuentra como “polarizado”, vigilante y pendiente del adulto. Pero, el mismo niño que inició el contacto con el adulto mediante señales de llamada (gestos), cambia notablemente a partir de los 7 u 8 meses debido al desarrollo de sus habilidades motoras y posturales, “abandonando” un poco al adulto, iniciando su autoafirmación, basado en los logros que obtiene con su nueva capacidad exploratoria, tanto en su propio cuerpo como en los elementos próximos a su entorno.

En estos meses, los intercambios vocales que se dan entre la madre y el niño tienen un carácter de “protoconversación”. Esto es de gran importancia, dado que permite afirmar y mantener el contacto social entre dichos interlocutores y que, aunque no son intercambios con contenidos significativos, la estructura del tiempo de los intercambios vocales y su función, basada en los principios de sucesión y reciprocidad, parecen ser ya los de una “verdadera conversación”.

Entre los 7 y 10 meses el niño va pasando progresivamente de la “modalidad de demanda” a la modalidad de intercambio y reciprocidad en las interacciones madre-niño. El dar y el recibir objetos pronunciando el nombre de cada uno, mientras se miran a la cara madre e hijo y miran conjuntamente el objeto, logra multiplicar y enriquecer la aptitud lingüística y comunicativa del niño, constituyendo esta “conversación” un buen ejercicio de entrenamiento para el habla, así como para su socialización naciente.

En esta edad el niño realiza múltiples vocalizaciones espontáneas, tanto vocálicas como consonánticas y hasta sílabas y diptongos. Estas vocalizaciones próximas a la palabra, son las que conducirán pronto al niño a emitir sus primeras palabras. Aquí las vocalizaciones alternantes entre la madre y niño, permitirán el acceso temprano al lenguaje.

e) De los nueve a los diez meses de edad

En esta subetapa puede que el niño empiece realmente a decir palabras cortas, pero normalmente esto no es más que la repetición de lo que dicen los demás, pues es todavía imitación. Aquí las respuestas del niño son ajustes diferenciales entre la muestra y la expresión de los interlocutores que entran en relación con él, mostrando de una manera patente la comprensión de algunas palabras y/o expresiones aisladas.

En esta edad el niño manifiesta comportamientos claramente intencionados y, por tanto, inteligentes. La incorporación de los músculos accesorios del habla y de la masticación aumenta la destreza de la lengua y de los labios, favoreciendo la vocalización articulada.

El niño muestra especial interés por imitar gestos y sonidos y por comunicarse, lo cual le induce a aprender rápidamente el lenguaje. Esto hace que se entregue a repeticiones espontáneas que suelen ser reforzadas por los padres, quienes también imitan y repiten varias veces con él.

Estos hechos hacen que sus vocalizaciones sean mucho más variadas, contando en su repertorio con tres a cinco palabras articuladas. Pero, dado que el pequeño no dispone todavía de la aptitud necesaria para la expresión oral, se ve obligado a simplificar el lenguaje adulto. Así por ejemplo, la expresión “pa…a” del niño, señalando con su mano la panera, corresponde a la frase: “Dame pan, mamá”, la misma que irá superando progresivamente.

Por otro lado, cabe señalar que la simbiosis afectiva madre-niño que se daba en forma dominante durante los primeros ocho meses de vida, va disminuyendo gradualmente a partir de los nueve meses, permitiendo al niño “ser” y conocerse como “uno entre otros”. En esta edad es cuando comienza entonces la conquista de sí mismo, de su “Yo”, viéndose el niño en la necesidad de aprender más rápidamente el lenguaje.

f) De los once a doce meses de edad

El niño de 11 meses cuenta en su repertorio lingüístico con más de cinco palabras. En esta edad el niño emplea idénticas palabras que el adulto, pero no les atribuye el mismo significado. Sin embargo, a medida que va progresando en este proceso, los significados que va atribuyendo a las palabras se van aproximando a los significados atribuidos por el adulto.

Estas simplificaciones del lenguaje adulto que se observan en esta edad se deben atribuir al intento de reproducir las palabras del adulto y no a la imperfección de las percepciones auditivas del niño. Tales simplificaciones pueden consistir en:

Síntesis de un segmento o trozo del habla adulta: “caca” para decir: “mamá, dame orinal”.

Sustitución: dice “topa” en vez de decir “sopa”.

• Sustituye la fricativa /s/ por la oclusiva /t/, que es más fácil de articular.

Supresión: dice “.opa” en vez de “sopa”.

De esta forma el niño se ve obligado a simplificar el lenguaje adulto, sin que esto signifique que no comprenda, sino que su capacidad expresiva es todavía bien limitada. Empero, según algunos especialistas, a los 11 ó 12 meses el niño suele articular ya sus primeras “palabras” de dos sílabas directas: “mamá”, “papá”, “caca”, “tata”, dando inicio a la siguiente etapa denominada lingüística o verbal, sustituyendo progresivamente el lenguaje gestual y “superando” la simplificación del lenguaje adulto a medida que va incrementando su léxico.

Con respecto a la aparición de la “primera palabra”, cabe aclarar que esto depende del momento en que los padres lo identifiquen como tal y de lo que entienden por “palabra”, ya que las unidades de significación que el niño emplea se corresponden con segmentos del habla adulta.

El niño de esta edad (un año) suele ocupar el centro de la atención de la familia, cuyas acciones, gracias y ocurrencias suelen ser festejadas y aplaudidas, reforzando la conducta, que tenderá a repetir una y otra vez. Esto es bueno porque ayuda al niño a sentir y vivir su propia identidad. Además, el intercambio gestual mímico y verbal de sus comunicaciones con el adulto, acompañado de la conducta de “dar y tomar”, permite el desarrollo mayor del lenguaje.

2. Etapa LINGÜISTICA

Este período se inicia con la expresión de la primera palabra, a la que se le otorga una legítima importancia como el primer anuncio del lenguaje cargado de un propósito de comunicación.

Sin embargo, no se puede decir con precisión cuándo comienza, cuándo este anuncio del lenguaje se precisa y confirma, cuándo se puede hablar de la “primera palabra”. Por eso la fecha de su aparición está diversamente fijada, ya que los estudios al respecto se basan mayormente en las informaciones que dan las madres.

Hay que señalar, además, que las niñas son las que empiezan a hablar un poco antes que los niños. Por otro lado, aparte del sexo, tomando como referencia las peculiaridades individuales, un niño puede demorarse más que otros en una etapa y pasar rápidamente por otra, condicionando la aparición de la primera palabra en los niños en cronologías distintas.

No obstante, los diferentes especialistas estiman que la mayoría de los niños que van a hablar, tal vez el 90 por ciento de ellos, dicen sus primeras palabras para cuando tienen 15 a 18 meses, aunque esta afirmación no es exacta o concluyente por las razones antes expuestas.

Por todo lo anterior la etapa lingüística se considera en forma un tanto amplia, desde aproximadamente el 12º mes (un año de edad), pasando el niño de las variadísimas emisiones fónicas del período prelingüístico a la adquisición de fonemas propiamente dichos en el plano fonológico (articulaciones fonemáticas), perfeccionándose también el aspecto semántico y sintáctico de las palabras a medida que el niño crece.

Ver: Desarrollo del lenguaje de 1 a 3 años

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El lenguaje de 1 a 3 años

El lenguaje y su desarrollo. Etapa lingüística

A partir de  los 12-15 meses se inicia la etapa lingüistica. Este período se inicia con la expresión de la primera palabra, a la que se le otorga una legítima importancia como el primer anuncio del lenguaje cargado de un propósito de comunicación.

Sin embargo, no se puede decir con precisión cuándo comienza, cuándo este anuncio del lenguaje se precisa y confirma, cuándo se puede hablar de la “primera palabra”. Por eso la fecha de su aparición está diversamente fijada, ya que los estudios al respecto se basan mayormente en las informaciones que dan las madres.

Hay que señalar, además, que las niñas son las que empiezan a hablar un poco antes que los niños. Por otro lado, aparte del sexo, tomando como referencia las peculiaridades individuales, un niño puede demorarse más que otros en una etapa y pasar rápidamente por otra, condicionando la aparición de la primera palabra en los niños en cronologías distintas.

No obstante, los diferentes especialistas estiman que la mayoría de los niños que van a hablar, tal vez el 90 por ciento de ellos, dicen sus primeras palabras para cuando tienen 15 a 18 meses, aunque esta afirmación no es exacta o concluyente por las razones antes expuestas.

Por todo lo anterior la etapa lingüística se considera en forma un tanto amplia, desde aproximadamente el 12º mes (un año de edad), pasando el niño de las variadísimas emisiones fónicas del período prelingüístico a la adquisición de fonemas propiamente dichos en el plano fonológico (articulaciones fonemáticas), perfeccionándose también el aspecto semántico y sintáctico de las palabras a medida que el niño crece.

Dentro del período lingüístico se consideran las siguientes subetapas:

a) De los 12 a los 14 meses de edad

Durante el primer año de vida el niño ha ido estableciendo toda una red de comunicación gestual, vocal y verbal con la familia. Las primeras expresiones vocales eran simples sonidos con una significación únicamente expresiva.

Las expresiones verbales, sin embargo, son sonidos o grupos de sonidos que ya hacen referencia a algunas entidades del medio (objetos, personas, situaciones, acontecimientos, etc.). Empero, esta secuencia de sonidos no forman todavía parte de la lengua; pues, tanto las expresiones vocales como las verbales son formas de expresión prelingüística.

A partir de los 12 meses (un año), incluso desde los 11 meses, el niño comienza a producir secuencias de sonidos bastante próximos a los elementos lexicales de la lengua adulta, o sea las palabras. Estas formas verbales próximas a la palabra, van precedidas de producciones fónicas estables que contienen elementos de significación, constituyendo estas emisiones un anticipo de la capacidad del niño para utilizar un significante que comunique un significado.

De esta forma el niño comienza con el desarrollo lexical, contando en su repertorio lingüístico 3 a 5 palabras (mamá, papá, tata, caca, etc.). Empieza también a utilizar las formas fonéticamente convencionales de la comunidad lingüística; sin embargo, aunque el niño de un año emplea idénticas palabras que el adulto, todavía no le atribuye el mismo significado a las cosas, debido precisamente a su escaso repertorio lexical.

Entre los 13 y 14 meses, el niño inicia la conocida etapa “holofrástica” (palabra-frase), en la que emite frases de una sola palabra o elementos con varios significados. Por ejemplo, la palabra “abe” (abrir) lo utiliza para expresar diferentes acciones:

Abre : Abre la puerta

Abre : Pela la naranja

Abre : Pon a un lado las cosas para …

Por esta época, los primeros pasos de comunicación verbal del niño se caracterizan por un incremento en la “denominación”, pues, ya sabe utilizar el nombre de las personas de la familia y otros próximos a él, y cuando comienza su “conversación” emplea palabras que sirven de reclamo o llamada: “¡mía, mía!” (mira, mira), etc.

A esta edad, la indicación o señalización que apareció a los 10 meses ya va acompañada de la palabra que se refiere al objeto. El niño dice palabras que designan bien el objeto de la acción, la acción misma o la persona que ha de realizarla, aunque todo esto lo hace apoyándose todavía en los gestos.

El niño comienza a comprender también los calificativos que emplea el adulto (bueno, malo, agradable o desagradable). Igualmente comprende la negación y la oposición del adulto, e incluso la interrogación como actitud.

De este modo el niño desde los 12 meses de edad inicia un largo y complejo proceso de desarrollo y, poco a poco, los significados que atribuye a las palabras se van aproximando a los significados atribuidos por el adulto. Pero, para que esto ocurra de una manera óptima, es importante que los padres estimulen léxicamente al niño, tratando de asociar siempre en las “conversaciones” el significado fónico (palabra hablada) con el significado (objeto al que hace referencia la palabra), para que el niño asocie y fije la relación en su cerebro.

En este proceso, es conveniente que los adultos utilicen sustantivos, adjetivos y acciones que forman parte de la vida diaria del niño. Esto, sin duda, contribuye de manera directa y eficaz al desarrollo del lenguaje, de la inteligencia y demás áreas con las que este aprendizaje se relaciona.

b) De los 15 a los 18 meses de edad

A los 15 ó 16 meses el niño se encuentra en plena etapa holofrástica (palabra-frase). Dentro de su repertorio léxico cuenta con 5 a 15 ó 20 palabras, y cada vez demostrará mayor incremento en su vocabulario por medio de las inflexiones de su voz al querer identificar algo.En esta etapa surge el habla verdadera y señala que el niño utiliza palabras para producir acontecimientos o llamar la atención de los demás.

En algunos niños bastante adelantados, suele observarse el empleo de algunas frases con dos palabras, principalmente de objetos o acciones, sin descartarse en ciertos casos, también, el uso de adjetivos (calificadores). Sin embargo, antes de ser capaz de hacer combinaciones de dos palabras, frecuentemente seguirá empleando una sola palabra para referirse a muchos objetos.

Esta extensión semántica en las vocalizaciones infantiles le seguirá acompañando por largo tiempo. Pero a medida que vaya incrementando su léxico y evolucionando su habla, irá reduciendo progresivamente tal extensión semántica.

Desde los 16 ó 17 meses hasta los dos años de edad, hará cada vez más frecuentemente el uso de combinaciones espontáneas de varias palabras y frases, incrementando el caudal de palabras en su expresión.

A los 17 meses el niño extiende cada vez más su repertorio lingüístico y comienza a hacer combinaciones de dos palabras. En esta edad, la identificación y denominación de objetos, figuras y diferentes partes del propio cuerpo, son ejercicios muy recomendables para el desarrollo del lenguaje verbal del niño.

c) De los 18 a los 24 meses de edad

Entre los 18 y 24 meses, la mayoría de los niños cuentan con un vocabulario mayor a 50 palabras, pasando a combinar 2 a 3 palabras en una frase, dándose inicio al habla “sintáctica”; es decir, el niño comienza a articular palabras en frases y oraciones simples.

En sus expresiones verbales utilizan sustantivos (nombres), verbos (acciones) y calificadores (adjetivos y adverbios).

Entre estas clases gramaticales suelen establecer las siguientes relaciones:

Entre dos nombres (o sustantivos):

“Zapato papá” (poseedor y objeto poseído)

“Sopa silla” (relación fortuita)

Entre nombre y verbo:

“Abre puerta” (verbo y objeto)

“Papá come” (sujeto y verbo)

Entre calificadores y adjetivos:

“Bonita pelota” (calificador más nombre)

“Más juego” (calificador más verbo)

“Más bonita” (calificador más calificador)

Hacia los dos años el niño posee un vocabulario aproximado de 300 palabras. En sus expresiones suele observarse, también, el inicio de la utilización de los pronombres personales “Yo” y “Tú” y el posesivo “Mi” y “Mío”. Sus frases expresan intención y acción: “hace lo que dice y dice lo que hace”.

En esta edad surge la función simbólica en el niño y termina el predominio de la inteligencia sensoriomotriz dando lugar a la inteligencia representacional. Con la función simbólica el niño tiene la capacidad de representar mentalmente las cosas y evocarlas sin necesidad de que éstas estén presentes.

Con la capacidad simbólica, los gestos y las expresiones verbales del niño comienzan a referirse cada vez con mayor frecuencia a realidades más abstractas, haciéndose más dominante en el lenguaje.

Los símbolos (significantes) vienen a desempeñar un papel singular en el desarrollo posterior del niño, ya que éstos son los que van a permitir construir los códigos sobre los cuales se configuran las bases de las funciones superiores. Mediante estos códigos es que accedemos a las emociones, a las realidades abstractas, al lenguaje y a convertir lo implícito en explícito.

Esta capacidad simbólica permite al niño explorar e incrementar su lenguaje verbal, manifestando interés por escuchar cuentos sobre sí mismo o sobre su familia, en los cuales va captando el sentido de las palabras y oraciones de las narraciones que los padres le brindan.

d) De los 2 a los 3 años de edad

A los tres años se produce un incremento rápido del vocabulario, incremento que es mucho mayor que lo que ocurrirá posteriormente, llegando a tener un promedio de 896 palabras y a los tres años y medio 1222 palabras (Smith, 1980). El niño en sus expresiones verbales ya emplea verbos auxiliares “haber” y “ser” y da cierta prevalencia al artículo determinado.

En el curso de esta edad comienza a utilizar las proposiciones y el niño ya tiene un lenguaje comprensible, incluso para personas ajenas a la familia, manifestando un dominio de la mayor parte de la gramática de su lengua materna (sintaxis), por lo que los especialistas suelen denominarlo como el período de la “competencia sintáctica”.

Ver:  Lenguaje hasta el  año de vida

 

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La necesidad de pensar de un modo “infantil”

El aprendizaje de adultos y niños debería ser recíproco. Adora Svitak, una niña “superdotada” nos explica en este vídeo ( con subtitulos en castellano), de un modo ameno y divertido el porqué de  la necesidad del mundo “adulto” de pensar de un modo “infantil”, con ideas audaces, con una creatividad exultante y sobre todo con optimismo.

VÍDEO: Clikar imagen .

Poner subtítulos en castellano/catalán/inglés

¡LOS NIÑOS CON GRANDES SUEÑOS MERECEN GRANDES EXPECTATIVAS!

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“Academia de Especialistas”

“Academia de Especialistas” muestra de una manera amena y divertida las habilidades especiales que tienen muchas personas con autismo y que no siempre se comprenden cuando se ven desde fuera. Dentro de su labor por hacer llegar el conocimiento del autismo a la sociedad, la Fundación ha producido este cortometraje de animación realizado por el dibujante Miguel Gallardo, padre de una hija con autismo.

 

En palabras de Miguel Gallardo: “Es una pequeña historia para que todos nos sintamos orgullosos de nuestros hijos por pequeña o aparentemente inútil que sea su habilidad a ojos de la sociedad, nosotros sabemos la importancia que tienen. Después de mucho tiempo de hablar sólo de discapacidades, minusvalías y deficiencias psíquicas o físicas, mi intención era hablarles a los padres de habilidades, de las habilidades de nuestros hijos y de cómo suplen sus problemas con imaginación e inteligencia, no siempre bien comprendida”.

Habilidades especiales como, por ejemplo, hacer los puzzles con las piezas del revés, pues el lado dibujado contiene demasiados colores y despista; catalogar a todas las personas que se conoce no por su nombre, sino por una combinación de color y número; el hecho de cerrar todas las puertas, etc.

Fuente: www.fundacionorange.es

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